Mensaje de #AgriSalud2030 al Pueblo Argentino, los Municipios, las Provincias y a la Nación.

Encuentro Virtual de #AgriSalud2030
RESILIENCIA AMBIENTAL

El 14 de abril en una conferencia virtual intensa en intercambios, envía mensajes directos al Pueblo Argentino y los Estados Municipales, Provinciales y Nacional.

Desafíos, iniciativas y proyectos de vidas sustentables con la Tierra y el ambiente. #AgriSalud2030 invita a pensar, ponernos de acuerdo y actuar lo antes posible.

 

“El mundo que se paralizó ante un microorganismo, el Covid-19,  con especial predilección por las vías respiratorias de quienes tienen sus sistemas inmunológicos comprometidos,  es el mismo mundo que tiene dificultades para establecer las articulaciones entre la virulencia de la pandemia y las condiciones de vida social que precedieron a su aparición

 

Analizar el metabolismo sociedad-naturaleza es clave para poder comprender la génesis antrópica de la proliferación de mutaciones microbiológicas que ponen en alerta a la población humana.

El mundo microbiano se reorganiza permanentemente para resistir y sobrevivir a las drásticas transformaciones que los seres humanos imponen a los ecosistemas sometiéndolos a modelos de producción y reproducción socio-económica absolutamente insustentables, predatorios, contaminantes de fuerte impacto en la vida y la salud de todos los seres vivos cuya capacidad de defensa inmunológica está severamente deprimida.

El extractivismo, en todas sus facetas, sostenido en tecnologías altamente invasivas, conlleva a la explotación extensiva de los territorios, con la consecuente contaminación del agua, aire y suelo. Agrotóxicos, microplásticos, metales pesados, gases tóxicos, deforestación, corrimiento de la frontera agrícola, cría de animales en cautiverio insalubre (constituyen el caldo de cultivo ideal para la génesis de este tipo de mutaciones virales, (como ya quedó demostrado con la gripe aviar, la gripe porcina y el SARS) y son evidencias incontrastables de las graves alteraciónes que hemos generado en los procesos metabólicos del planeta.

Las agresiones alcanzan a las comunidades  naturales y humanas que habitan la Tierra. Criollos y pueblos originarios son expulsados de sus territorios para terminan refugiándose en urbanizaciones hostiles donde crece la pobreza estructural, el hambre y la desnutrición infantil

Hemos construido sociedades que no son capaces de garantizar una alimentación adecuada para sus pueblos, y con ello pierden el primer y esencial elemento sustancial para el cuidado de su salud y la recuperación de la misma ante diferentes injurias.

Los modos de comer han cambiado drásticamente en los últimos 40 años en nuestras sociedades, de la mano de la creciente migración hacia los conurbanos, así como de la disminución de las granjas y áreas de producción de alimentos, cuyos territorios fueron ocupados por plantaciones de transgénicos adictos a venenos que para ACUMULAR, contaminan y dañan a quienes viven en sus cercanías (y no tan cerca) y aún a quienes los ingieren a la distancia.

Productos ultraprocesados, en los que abundan colorantes, conservantes, aromatizantes, y otras sustancias cuyas siglas no nos permiten ni siquiera adivinar su origen, han ocupado el lugar de los alimentos tradicionales que se servían en las mesas de los hogares de hace 40 años atrás.

Los animales, cuyos derivados terminan en nuestros organismos, son engordados a base de transgénicos, ansiolíticos, antibióticos, en condiciones de hacinamiento propios de campos de concentración, obligados a comer sin descanso. ¿Qué es entonces lo que comemos y cuanto de eso puede realmente acompañar a nuestro organismo para nutrirse y desarrollar un sistema inmunológico adecuado?

¿Cuánto facilitará el daño que el Covid-19 pueda hacer a nuestro pueblo?

Si el 92% de las personas que viven en ciudades no respiran aire limpio, y por lo tanto con el acto más primitivo de la existencia, el respirar, incrementan su riesgo a padecer patologías que ponen en riesgo sus salud y su vida, ¿no será que nuestros modos de vida son claves para incrementar el daño que pueda generar un virus respiratorio?

Las ciudades (donde vive hoy más del 50% de la población del mundo, y más del 80% de los argentinos), se han transformado en aglomeraciones de personas en edificaciones para nada saludables. El sol es prácticamente un privilegio, y el hacinamiento es una constante de la mano de la desaparición de los espacios públicos a manos de la especulación inmobiliaria. ¿Cómo dejar que entre el sol en nuestras casas, tal como recomiendan los expertos en tiempos de virus respiratorios, en ciudades donde los edificios de altura han ocupado cada centímetro de terreno urbano?

El volumen y la característica de la basura que generan nuestros modos de consumo, supera la capacidad  del planeta para metabolizarlo y en muchos casos es un proceso imposible.

Aire contaminado, comida que engorda pero no siempre es alimento, viviendas que parecen más cajas de zapatos que hogares, sistemas inmunológicos deprimidos, son sin dudas un combo ideal para cualquier patógeno que circule entre nosotros.

Ante la preocupación que manifiestan nuestros Gobiernos por el Covid-19, los medios de comunicación masiva llenan sus espacios con cifras de testeados, infectados, recuperados y muertos, pantallas en rojo con cortinas sonoras que alarman… una sociedad confinada y literalmente aislada en sus propios domicilios, obnubilada por el coronavirus y que no parece haber registrado otras gravísimas situaciones humanitarias qué significan en términos de salud como los más de 7.862 casos de dengue que ya se confirmaron en Argentina desde el 1 de enero hasta el 25 de marzo, los 12 femicidios en los primeros 14 días de cuarentena, los muertos por desnutrición en las comunidades de pueblos originarios, la terrible fragmentación del sistema de atención de enfermedades que tiene nuestro país o qué significa la extraordinaria bajante actual del rio Paraná, o ignora que, en lo que va de este siglo ya hemos asistido a la aparición de, al menos, cuatro mutaciones virales, 2 de las cuales provocaron pandemias, o no se pregunta que estará que ocurriendo con nuestros sistemas inmunológicos cada vez menos capaces de defendernos. Solo por enumerar algunos temas que coexisten con la crisis pandémica agravando la situación sanitaria que vivimos.

El Principio Precautorio es desempolvado de los textos jurídicos para justificar políticas de Aislamiento Obligatorio contra un virus, en el mismo decreto que se habilita a los fumigadores, a la minería a cielo abierto, a las curtiembres, a las madereras, a seguir contaminando y destruyendo nuestros territorios. Contradicciones de difícil explicación, que desnudan con claridad la ausencia de análisis, mas allá de las ‘curvas epidemiológicas’, de lecturas críticas sobre las causas  y miradas sistémicas más allá de las estadísticas

Evidencia dolorosa de cuán lejos estamos de aprovechar la crisis generada por este nuevo virus para repensar los modos de organización, producción y reproducción de nuestras sociedades.

 

El devenir se muestra andando

La Covid19 nos ha mostrado, una vez más, hasta qué punto nuestro modelo económico y social es extremadamente frágil y vulnerable. Aparentemente sólido y seguro, en poco más de dos meses el mundo se ha puesto patas arriba y los humanos hemos aprendido, de golpe, hasta qué punto esa solidez y seguridad era un espejismo.

Uno de los actores económicos que, sin duda, mostrará músculo cuando las aguas sanitarias empiecen a bajar, será la gran industria alimentaria y las principales cadenas de supermercados. A pesar de los pesares, nos dirán: “hemos cumplido con nota. En medio de la parálisis y el caos, nuestros lineales estaban llenos de productos alimentarios. Somos, junto con el sistema sanitario, lo esencial de lo esencial”.

¿Es así? ¿El sistema alimentario altamente industrializado y globalizado, gobernado por cuatro grandes corporaciones transnacionales es sólido y seguro? O será igual que la imagen que describíamos al principio: un espejismo. Una falsa sensación de seguridad y control cuando en realidad esa cadena global solo ofrece comida sospechosamente lejos, muy lejos, de los requerimientos nutricionales que se obtienen a partir de una buena alimentación.

Quienes entendemos a la Salud como el derecho a luchar por una vida digna, así como una condición esencial para la libertad (individual y colectiva), vemos con preocupación la exacerbación de rasgos autoritarios, intolerantes y discriminatorios que florecieron al calor de esta crisis pandémica que, usando un virus como vector, contagia miedo, desconfianza y desazón en una sociedad en la que ya sobresalía como rasgo el culto a la meritocracia, al individualismo, al sálvese quien pueda.

El siglo XXI se está caracterizando, entre otras cosas, por su volatilidad. Tenemos que ir acostumbrándonos ya a que las crisis y las turbulencias globales van a ser cada vez más frecuentes y de efectos más profundos. Así hemos construido las sociedades capitalistas durante los últimos decenios y así se comportan, como un todo interconectado y desregulado. Ahora ha sido una crisis sanitaria humana, antes lo fueron crisis sanitarias animales, o crisis especulativas financieras, vendrán crisis climáticas, crisis energéticas, crisis de minerales y materiales esenciales, volverán las sanitarias, etc..

En un escenario como ese, lo que tenemos que pedir a los sistemas esenciales para la vida se resume en una palabra: Resiliencia La capacidad de un sistema para recuperarse y cumplir sus funciones  vitales una vez que  la perturbación ha cesado.

El sistema alimentario convencional es muy poco resiliente, anclado en el mercado internacional de personas y materiales, cualquier disrupción en éste significa el bloqueo, la parálisis y el desabastecimiento.

Si mañana Argentina y Brasil deciden cerrar sus puertos comerciales, pasado mañana no tenemos piensos y la ganadería industrial se para de golpe. Si las fronteras se mantienen cerradas, la mano de obra semiesclava que es contratada para la recolección de fruta deja de llegar y la fruta se pudrirá en los campos. Si se cierra el grifo del gas natural por conflictos, se acabaron los fertilizantes sintéticos y los agrotóxicos que permiten funcionar a la agricultura industrial.

La resiliencia se consigue a través de los sistemas alimentarios locales. 

Resiliencia y relocalización van de la mano. 

Es una desgracia que tenga que haber sido el Covid19 el que nos haya mostrado la absoluta importancia de disponer de producción estatal de productos esenciales para la vida. Ahora lo han sido las mascarillas y demás material sanitario, la alimentación lo es ahora y siempre lo será, un sector esencial.

Un territorio como el nuestro tiene capacidad más que de sobras para alimentar a su población y hacerlo en base a sistemas alimentarios locales, de producción agroecológica y basada en una inmensa red de producción, transformación y distribución local. Ello nos da la resiliencia.

Se puede argumentar que la producción alimentaria actual ya se produce en nuestro territorio, que no hace falta relocalizar porque ya está localizada. Como antes decíamos, es un espejismo. Lo que hace la agricultura y ganadería industrial es ensamblar componentes que vienen del mercado internacional o basar su subsistencia en la agroexportación. Estamos sentados en una inmensa telaraña, cualquier pequeña brisa nos hace temblar

Necesitamos por tanto una transición a un modelo alimentación resiliente basado en sistemas alimentarios locales, sostenible desde el punto de vista climático, y que asegure una alimentación sana a toda la población, y más en este momento dónde no es difícil imaginar que grandes capas de nuestra sociedad se van a ver golpeadas, y verán en riesgo derechos básicos, como son el de la vivienda, y una vez más, como en otras crisis pasadas, el derecho a la alimentación.

En aquellos años de crisis, hubo más de 1 millón de personas que fueron beneficiarias de los bancos de alimentos, los cuales tienen enormes carencias,  cómo son el tipo de alimentación,  generalmente procesada y con poco aporte de productos frescos y sanos, y además generando un enorme estigma social. Por otro lado, estos bancos de alimentos además, se nutren fundamentalmente de los sobrantes de las grandes cadenas de supermercados.

Pero para abordar esta relocalización de nuestro sistema alimentario y agrario necesitamos como condición sine qua non, la intervención de lo público.

Esa crisis de la Covid19 ha devuelto a lo público la importancia que tiene. La sanidad pública en particular pero la cosa pública en general.

Resulta curioso pensar que los recortes del austericidio nos van a costar mucho dinero. Recortar en servicios esenciales, sale caro, muy caro. 

Hace unas semanas quien se movilizaba era el sector primario, clamando a quien quiera escuchar que ya no pueden más.

Pues bien ha llegado el momento de reivindicar lo público en la alimentación, y actuar ya, con medidas concretas. Con el concepto de(volver) al Campo la sinergia suficiente para establecer nuevamente a la población rural que emigrado a la urbanidad.

 

Puesta en marcha del Plan Nacional de Agroecología.

Orientar  la compra pública alimentaria: servicios educativos, sanitarios, sociales a sistemas locales

Establecimiento de cocinas municipales para abastecer los sistemas de compra pública de alimentos

Recuperar los mercados municipales y establecer políticas para lograr un abastecimiento territorial y destinado a los barrios.

Intervención en la regulación de los precios de los alimentos escenciales.

Establecimiento de una red de supermercados cooperativos en los barrios con acceso a la alimentación sana, segura  y soberna.

Intervención en los centros logísticos como Ferias Agroecológicas y sistemas de Garantías.

Puesta en marcha de infraestructuras públicas para la agricultura y ganadería de pequeña escala.

Orientación del reparto de las subvenciones a asociaciones y/o cooperativas de de agricultura y ganadería agroecológicas sostenible.

Necesitamos ya, los instrumentos públicos necesarios para poner en marcha una estrategia hacia la creación de sistemas alimentarios locales, resilientes, sanos y soberanos.

Sistemas alimentarios locales participativos que aseguren una alimentación sana segura y soberana.

Estamos convencidos de que a través de los Concejos locales Agroecologicas participativos intersectorial nos permitirá se parte de los problemas y de las soluciones y establecer una potente red de alimentación local, esta es extremadamente resciliente.

Pero este renovados sistema Alimentario hay que crearlas ya!.

No podemos esperar a que nos venga la siguiente crisis!.

Porque como hemos visto con el tema sanitario, años de desabastecimiento no se compensan con tres semanas o tres meses de apoyo. Esto no funciona así. Años destruyendo los sistemas alimentarios locales no se van a revertir en 15 días o tres meses.

Necesitamos impulsar el Plan Nacional de Agroecología, un auténtico plan público de relocalización alimentaria y de intervención pública en la alimentación que tenga como objetivo asegurar nuestro derecho a una alimentación, sana, segura y Soberana.

 Participantes del Encuentro Virtual

del 14 de Abril del 2020:

ARIAS MARÍA LUISA COOPERATIVA DE TRABAJO SERSANO FORMOSA

BALAN EDUARDO ACTIVISTA CULTURAL CABA

CARBALLO CARLOS – CALISA – FAUBA,

CERDÁ EDUARDO RENAMA,

CHAUQUE JEREMÍAS. DESVÍO A LA RAIZ, AGRICULTURA ANCESTRAL.  STA FE.

DALLA COSTA SEBASTIÁN – FUNDACIÓN TRABAJO SOCIAL GASTRONOMICO – SANTA FE;

FILARDI MARCOS– RED DE AGOGADO/AS POR LA SOBERANIA ALIMENTARIA – CABA

FRANCIA JULIA – INFOQOM COOPERATIVA QOM FORMOSA

GERZENZON SUSANA FAESS – FEDERACIÓN ARGENTINA DE ENTIDADES SOLIDARIAS DE SALUD. CABA

GIULIANO JUAN, COOPERATIVA DE TRABAJO SERSANO FORMOSA

GODOY  HUGO “CACHORRO”– SEC. GRAL –  ATE – NACIONAL – CABA

GORBAN MIRYAN DE LA CÁTEDRA LIBRE Y ABIERTA DE SOBERANÍA ALIMENTARIA UBA,

KLEINER IRMINA NATURALEZA VIVA – GUADALUPE NORTE PCIA. DE SANTA FE;

KNEETEMAN RUBÉN KIKA GUALEGUAYCHU LARROQUE ENTRE RÍOS;

KNUTTZEN EVELYN COORDINADORA ÁREA METROPOLITANA DE SANTA FE PRODUCCIÓN SUSTENTABLE. AGROECOLOGO PCIA. DE SANTA FE

LEVÍN LUIS COLEGIO DE GRAD. EN COOPERATIVISMO Y MUTUALISMO DE LA REP ARG;

LIVERATTI DANIEL – FRENTE NACIONAL CAMPESINO CHACO;

LOPEZ FLORENCIANO– INFOQOM COOPERATIVA QOM– FORMOSA

MAFFEI MARTA EDUCADORA- ECOSUR ECOFEMINISTA BS, AS.

MARINO DAMIÁN – INVESTIGADOR DEL CONICET – UNLP

NUÑEZ JORGE – COLEGIO DE GRADUADOS EN COOPERAT Y MUTUALISMO DE LA REP ARG;

PARADA LILIANA, FUNDACIÓN MÁS DERECHOS POR MÁS DIGNIDAD, CABA

PEREZ MARIA JOSE – PEDIATRA – PARANA

QUIÑONEZ EMILCE– AGROECOLOGIA REGENERATIVA CBA.

RIVERO MERCEDES NUTRICIONISTA – HOSPITAL GÁLVEZ SANTA FE.

ROJO MARIANELA CÁTEDRA POLÍTICA ALIMENTARIA UNC ARTICULACIÓN FERIAS AGROECOLÓGICAS DE CÓRDOBA

SAEZ ELIAS – CINEASTA Y AMBIENTALISTA;

SCHEIBENGRAF COORDINADOR JAVIER ING. AGR. AGROECOLOGÍA INTA- BS. AS;

VAL SERGIO– FUNDACIÓN CHE PIBE. –

VÉNICA REMO – NATURALEZA VIVA – GUADALUPE NORTE PCIA. DE SANTA FE;

VERZEÑASSI DAMIAN – DIRECTOR DE INSTITUTO DE SALUD AMBIENTAL UNR- ROSARIO

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